Francisco de Goya fue un maestro del claroscuro español, pintor político y virtuoso grabador. Sin duda, es uno de los artistas más influyentes de toda la historia del arte. Muchas de sus obras más famosas son encargos de la corte española. A la vez cortesano y rebelde, Goya realizó obras arraigadas en la historia, jugando con la fantasía y lo grotesco. Con Artsper, descubre cómo Goya revolucionó la representación de la guerra en el mundo del arte.
En la historia del arte, El tres de mayo de 1808, de Goya, está reconocida como una de las obras occidentales más importantes del siglo XIX. El cuadro es famoso por sus cualidades pictóricas, pero sobre todo ha pasado a la posteridad por su postura política. Para muchos historiadores del arte, se trata del mayor cuadro antibélico de todos los tiempos. Para comprender si realmente es así, exploremos juntos el contexto histórico de esta obra que se ha convertido en un monumento del arte.
Estamos en 1807 y Napoleón, emperador de Francia, parte a la conquista del mundo. Él y su ejército llegan a España. El rey de España, Carlos IV, desea aliarse con la potencia francesa para intentar conquistar Portugal. Abre las puertas a Napoleón y sus tropas, que cruzan fácilmente las fronteras españolas. Pero esta supuesta alianza no era más que un engaño, una estratagema para permitir que el ejército de Napoleón entrara en el país. Tras esta farsa, los verdaderos deseos de Napoleón quedan claros: quiere tomar el control de la región y coronar a su hermano, José Bonaparte, rey de España en título.
El 2 de mayo de 1808, cientos de civiles españoles se rebelaron contra la ocupación francesa. Al día siguiente, 3 de mayo, los resistentes españoles son detenidos por las autoridades francesas y masacrados en las calles de Madrid. Aún hoy, el 3 de mayo sigue siendo uno de los días más sangrientos de la historia de España. Aunque Goya no presenció la masacre, la muerte de sus compatriotas y la espantosa realidad de sus últimos momentos tuvieron un impacto duradero en el artista. Seis años más tarde, por encargo del Gobierno español, Goya se propuso conmemorar este momento de la historia. Creó dos cuadros impactantes: El Dos de mayo 1808 y El tres de mayo de 1808.
El Gobierno español había encargado a Goya un lienzo para conmemorar la gloria, el valor y la tragedia definitiva de los combatientes españoles por la libertad. Aunque la realidad del acontecimiento fue devastadora, el Gobierno esperaba un cuadro heroico. En cambio, Goya insistió en representar el acontecimiento con emoción. Quería recordar los horrores de ese día a los espectadores de los años, décadas y siglos venideros. Esta obra es la quintaesencia del estilo de Goya y una expresión de su sólida formación académica, todo ello utilizado para representar el horror de la guerra moderna.
En su obra, Goya crea una atmósfera pesada e inquietante. El cuadro narra un momento aterrador, justo antes de la masacre de civiles españoles, y la forma en que Goya retrata a los soldados franceses hace que la escena sea aún más siniestra. A la derecha del lienzo hay una columnata de soldados, anónimos y sin rostro. El hecho de que sus identidades estén ocultas al espectador refuerza la experiencia emocional de este último. Se les presenta ni más ni menos como verdugos. Sus poses son sincronizadas, robóticas, sin la más mínima empatía; solo obedecen órdenes.
Los soldados del cuadro dan miedo porque Goya apenas los representa, ni siquiera sus rasgos. En cambio, las víctimas del cuadro, los luchadores por la libertad españoles, provocan una intensa sensación de angustia y horror. Goya los pintó deliberadamente con gran detalle, grabando sus rostros aterrados de forma indeleble en la mente de los espectadores.
A la izquierda del lienzo, los luchadores por la libertad están acorralados en fila, a pocos instantes de que termine su vida. Uno de los personajes centrales ha sido objeto de numerosos análisis de la historia del arte, ya que se le considera representativo de la figura del mártir. Lleva una camisa blanca y tiene los brazos en alto a ambos lados, como una oda a la crucifixión de Cristo. Además, muestra las mismas heridas en las manos, una alusión inequívoca a los estigmas de Cristo. Si bien el hombre de blanco es evidentemente una víctima, no es del todo un mártir. Su muerte no lava los pecados de toda la humanidad ni sirve a una causa específica. Por el contrario, su asesinato se lleva a cabo sin compasión, a sangre fría. Este es un mensaje fundamental detrás del sentimiento antibélico de Goya.
La obra de Goya tuvo un impacto duradero tanto en sus contemporáneos como en las generaciones posteriores. Con su poderoso mensaje político, marca un punto de inflexión en la historia del arte. De hecho, se aleja de las representaciones tradicionales del arte cristiano y de las escenas habituales de guerra. Muchos historiadores del arte consideran además que El tres de mayo de 1808 es la primera pintura del arte moderno. Esta obra es revolucionaria en todos los sentidos. Tanto por su temática como por su estilo y el compromiso del artista, ejerció una influencia profunda en creadores, amantes del arte y críticos. Goya también inspiró obras de Édouard Manet y el célebre Guernica de Pablo Picasso.
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